Las tres últimas generaciones de mujeres de nuestra familia padecían de várices. Cuando mi madre llegaba a casa después de un día de trabajo, siempre apoyaba las piernas en la pared y descansaba durante horas.
De niña, siempre me lo pregunté. Cuando tenía 25 años, hice lo mismo por primera vez. La primera vez se salvó con baños, compresas y masajes. Miraba a mi madre y a mi abuela y no quería vivir de la misma manera. Me sometí a dos sesiones de tratamiento con láser, el efecto estaba ahí. Se acabaron las piernas pesadas y la hinchazón. Mis piernas parecían más delgadas. Y entonces todo volvió. Se puso aún peor: las venas se abultaron, aunque antes sólo eran visibles los vasos. De todos modos, si no me hubiera enterado de lo de Avital, habría aceptado operarme. He utilizado la cápsulas durante 30 días por la mañana y por la noche. Ahora 2 veces a la semana para la profilaxis una vez al día. Mis pies están muy bien y no me molestan ni siquiera después de un día entero con tacones. Mi consejo es que la compres. Es mejor prevenir un problema que lidiar con las consecuencias.